






La población total de la Comarca a finales del año 2006 alcanza los 26.624 habitantes, es decir, el 2,5% de la población total del Principado de Asturias. Una cifra reducida si se compara con los más de 45.000 vecinos que poblaban el Navia-Porcía a mediados del siglo pasado.
» Gráfica: Distribución de la población comarcal (2006)Han sido los concejos costeros de la comarca los que han podido afrontar esta crisis demográfica en mejores condiciones, adaptándose a las numerosas transformaciones económicas y sociales de la segunda mitad del siglo XX; así, las principales villa de la costa han aumentado su población, absorbiendo parte de las migraciones que se producen en los pueblos del interior, que han ido quedando vacíos en una relación directamente proporcional a la distancia a las cabeceras municipales, al estado de las comunicaciones o a lo accidentado del relieve.
Las diferencias demográficas entre costa e interior montañoso también tienen su traducción en la forma en que se agrupa la población. Mientras en la rasa se distribuye en villas de entre 1.500 y 5.000 habitantes y en pueblos dispersos que ocupan buena parte del territorio, en los concejos del interior la situación es bien diferente, concentrándose la escasa población en las principales capitales municipales (que no superan los 1.000 habitantes) y en pequeños núcleos agrupados a media ladera o en las vegas y llanuras más fértiles.

Consecuentemente, aunque la densidad media del Navia-Porcía se
sitúa en los 34,14 habitantes por km2., valor ligeramente superior
al de la Asturias rural (30,14 habitantes/km2), tan sólo 6 de las
51 parroquias de la Comarca, todas ellas situadas en la costa, superan
este valor, no llegando en la mayoría de los casos a los 10 habitantes
por km2.
La estructura demográfica por edades está claramente desequilibrada, con unos grupos de jóvenes más escasos cuanto menor es la edad considerada y, en contraposición, unos grupos de mayores de 65 años desproporcionadamente mucho más amplios, lo que origina unas pirámides poblacionales invertidas.
Llama la atención el escaso número de mujeres en los grupos de adultos (de 20 a 65 años) debido, sobre todo, a la falta de perspectivas laborales en las actividades económicas tradicionales de la comarca que ha venido afectando especialmente a las mujeres, que se han visto obligadas a emigrar a espacios urbanos con mayores expectativas de trabajo.
En este efecto migratorio a espacios urbanos también juega un
papel importante la realización de estudios superiores por parte
de los jóvenes que se trasladan a la zona central de la región
y que provocan un nivel de instrucción de la población asentada
en la Comarca inferior a la media regional. Esto, unido a la falta de
estímulos para la realización de estudios no obligatorios
por parte de muchos progenitores son sin duda argumentos sólidos
que interpretan los –relativamente- bajos niveles de cualificación,
mucho más manifiestos en los concejos del interior donde la oferta
formativa es notablemente más escasa.